domingo, septiembre 14, 2014

"Tunteyh o el rumor de las piedras" Una película de Marina Rubino

Premiada en el 24° Festival Presénce Autochtone, Terres en Vues / Land Insights. Montreal, Canadá 2014.

ESTRENO
Jueves 18 de septiembre a las 20Hs
Espacio INCAA Cine Gaumont
Av. Rivadavia 1635 - C.A.B.A

Sinopsis
¿De cuántos modos se puede sobrevivir a la contaminación, al agro-saqueo y al concepto occidental de
progreso? Dicen que desviaron el río hacia Paraguay para regar los campos y por eso casi no hay peces. Dicen que están desmontando hacia el norte y por eso no hay plantas de chaguar cerca y la zona se inunda porque no hay árboles que detengan el agua. Dicen que las minas de Bolivia tiran veneno al río. Dicen que los niños tienen que rezar en la escuela a un dios ajeno. Dicen. El rumor es el lecho sobre el que se teje la historia oral y escrita de los pueblos. En Nop ok wet, comunidad wichí de Salta, también circula información recortada, fragmentada, sesgada, abultada. Pero alguien decide certificar uno de esos rumores que causan mucha preocupación. Desde dentro de una comunidad wichí, una aproximación a cómo se viven los cambios ambientales

Sobre la película
Tunteyh o el rumor de las piedras¨ es la continuación de un trabajo realizado en el 2002-3, llamado ¨Wichí del Monte y del río¨, documental que integró la serie ¨Culturas en contacto¨, emitida por canal 7, la TV pública. En esa ocasión se hacía foco en el retrato de una comunidad wichí y el recuerdo de un rito de iniciación en mujeres, que se dejó de realizar por presión de la cultura del hombre blanco y porque ya no quedan ancianos que puedan continuar con la ceremonia. 
En este caso el punto de partida es el juego tunteyh, el juego de las piedras. A través de este juego los niños wichí toman contacto con las nociones de unidad, cantidad, tiempo y espacio. A pesar de que los misioneros anglicanos abortaron muchas de sus prácticas culturales, este juego se convierte en una de las formas de resistencia. 
El juego se entrevera a lo largo de la película en donde se presenta desde dentro de la comunidad wichí, especialmente desde la mirada del protagonista, Jairo, las dudas, los miedos, y la información a medias en relación a los violentos cambios ambientales como el desvío del río, la mortandad de peces, la contaminación del río, el desmonte, y las imposiciones culturales en la educación y espiritualidad.
Marina Rubino, logra visualizar el fenómeno del rumor como motor de la actividad cultural, cómo crece, se multiplica, se deforma y se filtra como el agua. Representando temas tremendamente preocupantes desde dentro de la comunidad donde lo que llegan son rumores.
¨Tunteyh o el rumor de las piedras¨ teje amorosamente la relación filosófica, herencia ancestral de su pueblo, donde la naturaleza estructura y compone el principio fundamental de la realidad, pero también nos muestra cómo a través del rumor entran las dudas y el temor humano. Buscando la fuerza para no dejarse llevar por voluntades ajenas.
¨Tunteyh o el rumor de las piedras¨ hizo su estreno en el 28 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y ya ha recorrido más de 15 festivales de América y Europa.
En el mes de agosto recibió el 2do Premio en el 24° Festival Presénce Autochtone, Terres en Vues / Land Insights de Montreal, Canadá 2014.
El jurado ha destacado la capacidad de Rubino para dotar a las imágenes de una realidad contundente que adopta el ritmo de los protagonistas y se deja invadir por la fluidez espiritual del mundo desde el punto de vista de estos amerindios de habla wichí, así como por la relación que establece con esta realidad indígena de gran complejidad, por su enfoque cinematográfico y su postura ética en señal de homenaje el pensamiento de los nativos.

Marina Rubino es artista visual y desde 1994 trabaja en medios audiovisuales desempeñándose como Asistente de dirección, Asistente de Montaje, Producción y Realización. En 2003 funda junto a Darío Arcella la productora de cine Grupo Documenta, colectivo de artistas, técnicos, docentes, profesionales y científicos reunidos con el objeto de producir documentales y contenidos audiovisuales culturales. Fue jurado en Festival de Cine Libercine, Festival de Cine del Movimiento de Documentalistas, Festival de cine Oberá en Cortos.  Realizó la producción de los largometrajes Crónicas de la Gran Serpiente, La ceremonia, Mal del viento y Anuhu Yrmo. 
Con el apoyo del Instituto Nacional de Cine y Artes audiovisuales, el Fondo Nacional de las artes, el Consejo Nacional de la mujer indígena y la Organización Decennium de Holanda, realiza ¨Tunteyh o el rumor de las piedras¨ , su primer largometraje como directora.

WEB:


FICHA TÉCNICA:
Guión y Dirección Marina Rubino
Producción Ejecutiva Dario Arcella. Gastón Ocampo
Producción Ana Krichmar
Producción de campo Jose Bautista Flores
Cámara y fotografía Rafael Sammartino
Sonido directo Diego Vilas
Montaje Federico Casoni
Postproducción de sonido Martin Garcia Serventi
Postproducción de imagen Mariano Zucatzky
Asistente de dirección Paola Castaño
Equipo de producción Angela Guerrero, Dailos Batista Suarez, Nestor Granda, Sol Avila Vazquez

Título original: Tunteyh o el rumor de las piedras / Título internacional: Tunteyh or the rumor of the stones
País: Argentina
Duración: 74 min
Año: 2013
Formato de grabación DVC Pro HD -  Formato de exhibición: HD Cam, Blu ray, DVD
Idioma/s hablado/s: Wichí Subtitulos: castellano, ingles, francés
Realizado en la comunidad wichí de Km2, Departamento Rivadavia, Salta.

Festivales en los que fue seleccionada:
* Selección Oficial Ventana Documental Foco Nativo en el 28º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. 2013
* Selección Competencia Oficial, Sección Medio Ambiente y Pueblos en Lucha, 2do Festival Internacional de Cine de Barranquilla, Colombia. 2014
* Selección oficial en competencia, 4to Festival Internacional de cine Social de Concordia, Entre Ríos, Argentina. 2014
* Selección Oficial en Competencia de Cinema Planeta, 6to Festival Internacional de Cine y Medio Ambiente de México. Cuernavaca, México. 2014
* Película Invitada al 4to Festival internacional de cine en el Desierto, Sonora, México. 2014
* Película Invitada al Indigenous Movement “Issues of Concern”, Ámsterdam, Países Bajos. 2014
* Selección Oficial en Competencia en el Festival Internacional de Cine medioambiental de Canarias. 2014
* Selección Oficial Sección Migración y Pueblos Indígenas en el 4to Festival Internacional de Cine político, Ciudad de Buenos Aires. 2014
* Selección Oficial Muestra Iberoamericana en el 4to Festival de cine Independiente de Lima, Perú
* Muestra de cine y video indígena Chile 2014. Santiago, Chile.
* Muestra de Cine Indigena de Venezuela MICIV 2014
* Selección Oficial 7mo Festival Internacional Cine al Mar, Uruguay 2014
* Selección Oficial 24° Festival Presénce Autochtone, Terres en Vues / Land Insights.Montreal, Canadá 2014
* Selección Oficial Sección Un lugar en el Mundo, X Festival Internacional de Cine Independiente Marfici, Mar del Plata 2014
* Tercera edición de la Muestra Internacional de Cine con Perspectiva de Género Categoría Ecologismo. México 2014 (MICGénero)
* Muestra de Cine Indigena en Wallmapu, Chile 2014
* Seleción Oficial Sección Ambiente en XXXI Festival de Cine de Bogotá, Colombia 2014

jueves, septiembre 11, 2014

Salvador Allende en la perspectiva histórica del movimiento popular

A 41 años del bombardeo de la Moneda

El historiador británico Eric Hobsbawm sostiene que “en todos nosotros existe una zona de sombra entre la historia y la memoria, entre el pasado como registro generalizado, susceptible de un examen relativamente desapasionado y el pasado como una parte recordada o como trasfondo de la propia vida del individuo”. Y precisando su idea Hobsbawm agrega que “para cada ser humano esta zona se extiende desde que comienzan los recuerdos o tradiciones familiares vivos [...] hasta que termina la infancia, cuando los destinos público y privado son considerados inseparables y mutuamente determinantes. La longitud de esta zona puede ser variable, así como la oscuridad y vaguedad que la caracterizan. Pero siempre existe esa tierra de nadie en el tiempo. Para los historiadores, y para cualquier otro, siempre es la parte de la historia más difícil de comprender” [1] .
Pienso que Hobsbawm tiene razón. Algo similar a lo que él describe me ocurre con la figura de Salvador Allende. Aunque varias generaciones nos separaban, alcancé a ser su contemporáneo y a vivir con la ingenuidad de la infancia, primero, y luego con la pasión de los años adolescentes, el tiempo del apogeo de su carrera política, que fue también el del punto máximo alcanzado por el movimiento popular en Chile en sus luchas por la emancipación.
Mi contemporaneidad con Allende y compromiso personal en la causa de la izquierda y del movimiento popular son obstáculos adicionales que ponen a prueba mi juicio de historiador. Sin contarme entre quienes que niegan la posibilidad de hacer “historia del tiempo presente”, aquella de la cual hemos sido actores o al menos testigos, debo reconocer que aún hoy, a tres décadas y media del golpe de Estado y de la muerte de Allende, la emoción me embarga al evocar su persona y al escuchar “el metal tranquilo” de su voz.
No postulo que la historia (en el sentido historiográfico o conocimiento sistemático que tenemos acerca de los hechos del pasado) deba carecer absolutamente de emoción y de pasión, pero la sociedad espera que los historiadores tengamos un juicio lo más objetivo, justo y verdadero posible acerca de los acontecimientos históricos. Creo que sobre la historia de Chile de la segunda mitad del siglo XX (y de seguro bastante más atrás) mi mirada tendrá siempre la impronta de alguien comprometido con uno de los bandos en lucha, aun cuando por honestidad intelectual y personal haga los máximos esfuerzos por ponderar las “evidencias históricas”, que, como es sabido, pueden ser acumuladas para apoyar interpretaciones muy disímiles acerca del devenir de una sociedad o de un grupo humano a través del tiempo.
¿Cómo abordar entonces desde un punto de vista ensayístico al personaje histórico Salvador Allende?
Creo que en mi caso lo más conveniente es recurrir a la larga duración que sobrepase con creces su vida, insertándola en el transcurrir general del movimiento popular en Chile. De esta manera, tomando cierta distancia de las contingencias que enfrentó el personaje y que son, precisamente, aquellas que pueden empañar mi visión, quiero aportar un grano en la comprensión del papel de Allende y, al mismo tiempo, de algunos fenómenos de nuestra historia.
Me propongo sostener tres premisas:
1°) Salvador Allende encarnó mejor que nadie desde mediados de la década de 1930 y hasta su muerte en 1973 la continuidad histórica y la línea central de desarrollo del movimiento popular.
Como es sabido, las raíces de este movimiento se hunden hasta mediados del siglo XIX cuando algunos contingentes de artesanos y obreros calificados levantaron un ideario de “regeneración del pueblo” en base a una lectura avanzada y popular de los postulados liberales. El mutualismo y otras formas de cooperación fueron la expresión práctica de este proyecto de carácter laico, democrático y popular. Con el correr del tiempo, el desarrollo del capitalismo y la llegada de las ideologías de redención social provocaron desde fines de ese siglo el ascenso del movimiento obrero y con él una metamorfosis de la doctrina, las formas de organización y de lucha de los sectores populares. Desde comienzos del siglo XX el ethos colectivo del nuevo movimiento se sintetizó en la aspiración (más radical) de la “emancipación de los trabajadores” y se expresó en el surgimiento del sindicalismo y la adopción por parte del movimiento obrero y popular de los nuevos credos de liberación social del anarquismo y el socialismo. Con todo, a pesar de la mutación en un sentido de mayor radicalidad (de la “cooperación” a la lucha de clases), un tronco de tipo ilustrado, regenerativo y emancipador representó una cierta continuidad entre esas dos fases o momentos del movimiento popular [2] .
Salvador Allende hizo sus primeras experiencias políticas cuando el movimiento popular se aprestaba a transitar por los cauces institucionales que no abandonaría hasta que el golpe de Estado de 1973 lo interrumpiera brutalmente. Así, después de más de una década de convulsiones sociales y políticas, a mediados de los años 30, el movimiento popular y la izquierda, dando su “brazo a torcer”, optaron mayoritariamente por incorporarse al juego político institucional, retomando –después de algunas veleidades rupturistas- un transitar más evolutivo, pacífico, parlamentario y reformista, que era, en definitiva, el que siempre habían escogido los trabajadores toda vez que las clases dirigentes se los habían permitido.
Desde este “gran viraje” (según la acepción de Tomás Moulian) de mediados de los años 30 que inauguró la política de Frente Popular, la izquierda y el movimiento popular asociado a ella, optó clara y mayoritariamente por aceptar las reglas puestas por el “Estado de compromiso” proclamado por la Constitución de 1925, pero que recién por esos años empezó a hacerse realidad [3] . Allende, como esa sabido, jugó un papel destacado en esta “nueva” estrategia ya sea como ministro de Estado, parlamentario, dirigente partidario y –más allá de sus cargos formales- en tanto líder político popular. El Frente Popular, luego el Frente del Pueblo, el Frente de Acción Popular y, finalmente, la Unidad Popular, fueron los hitos aliancistas a través de los cuales la política de la izquierda y del movimiento popular se hicieron realidad. Esto fue, en síntesis, el contenido más esencial del “allendismo” como sentimiento y corriente política de masas. En este sentido, la acción y la persona de Allende –persistente hasta el último de sus días en un camino de unidad- fueron la expresión más paradigmática de una vía y de una estrategia para alcanzar el ideal de la emancipación popular.
2°) Salvador Allende encarnó la dialéctica no resuelta de reforma o revolución.
Aún cuando el apego de Allende a la vía parlamentaria y a las reglas del juego del “Estado de compromiso” fueron permanentes, la izquierda y el movimiento popular en los últimos años de la vida de este líder se vieron envueltos en un debate y en una encrucijada no resuelta que anuló los esfuerzos que en distintos sentidos se hicieron para dar conducción al movimiento y una salida al impasse político. Es el “empate catastrófico” entre las dos vías –la “rupturista revolucionaria” y la “moderada revolucionaria” del cual nos ha hablado Tomás Moulian en su Conversación interrumpida con Allende [4] . A 35 años de distancia, la disyuntiva ¿reforma o revolución? pierde los contornos que en la década de 1970 nos parecían tan nítidos. Si bien la revolución “con empanadas y vino tinto” preconizada por Allende, en esencia la vía electoral reforzada por la movilización popular, mostró sus límites en un contexto internacional de gran polarización, la “revolución” tal como la concebíamos entonces, ya no es posible y -más aún- ni siquiera deseable.
La “caída de los muros”, la terciarización de las economías, los cambios tecnológicos y de las estructuras sociales en Chile y el mundo, la emergencia de nuevas problemáticas y de un mundo unipolar dominado por un gran Imperio, amén de un sinnúmero de razones que apuntan mayoritariamente a la consolidación del modelo de dominación, hacen de la “revolución” según el esquema clásico, un fetiche puramente nostálgico más allá de la eficiencia técnica (a estas alturas bastante hipotética) de sus métodos para asaltar el poder.
La oposición entre la vía reformista electoral y la vía revolucionaria armada no es ya un punto de quiebre al interior de la izquierda y del movimiento popular, pero sí lo son, por ejemplo, la adhesión o el rechazo al modelo neoliberal y a la dominación imperial. A la luz de este nuevo dilema, la política de Allende adquiere renovada relevancia histórica. Su “reformismo rupturista” o “reformismo revolucionario” nos parece hoy día -incluso a sus críticos de izquierda de entonces- el sumun a lo que podríamos aspirar en estos tiempos de globalización neoliberal. Curiosa paradoja de la historia: lo que antes era considerado altamente insuficiente llega a ser “el bien mayor”. El allendismo del período de la Unidad Popular fue la expresión de una tentativa abortada por resolver en una síntesis dialéctica la disyuntiva entre reforma o revolución que el contexto histórico de los años 70 -ahora lo percibimos con claridad- no permitía solucionar. Con todo, a pesar de verse atrapado en ese callejón sin salida, Allende en el día de su muerte, y con su muerte, intentó dejar una herencia política de contenido “reformista revolucionario”.
3°) En la historia del movimiento popular el golpe de Estado de 1973 representa un quiebre total, un “puente roto” que no se ha vuelto a reparar.
En su mensaje de despedida Salvador Allende vaticinó que “otros hombres” superarían ese momento gris y amargo. Esos nuevos hombres retomarían la senda interrumpida de la izquierda y del movimiento popular. Los heroísmos, sacrificios y reencantamientos militantes de la lucha de resistencia contra la dictadura parecieron reanudar la marcha del movimiento popular. El combate contra la opresión de la tiranía se inscribía perfectamente en la perspectiva general –y de muy larga duración- en pro de la emancipación del pueblo. Pero la infinita “transición a la democracia” que vino enseguida, los acomodos y reacomodos de la clase política, la decepción y desmovilización popular, demostraron que sólo por un efecto de espejismo el movimiento popular había parecido rearticularse duraderamente al calor de las protestas de la década de 1980. En realidad, una vez que el “enemigo visible” se metamorfoseó tras el discurso de reencuentro y reconciliación nacional, el movimiento popular perdió su norte, quedando en evidencia que el ethos colectivo de la emancipación de los trabajadores que lo había animado durante tanto tiempo, se había extraviado o difuminado en medio del derrumbe ideológico que acompañó al fin del llamado “campo socialista” y en el empeño criollo por recuperar la democracia.
¿Cuál es el ethos colectivo del mundo popular en el Chile actual? ¿Hay un cuerpo de ideas básicas que articule sus demandas? ¿Se manifiesta una aspiración común –como fue en la época de Allende la conquista de un gobierno popular- que cristalice en un objetivo político fácilmente identificable las distintas reivindicaciones sectoriales? ¿Y si esto no es así, sin ese corpus mínimo de ideas y anhelos compartidos, es posible concebir la existencia de un movimiento popular?
La verdad es que los sectores populares han desaparecido en tanto sujetos políticos, quedando reducidos a la categoría de clientela que oscila entre las alternativas de administración “progresista” del modelo o gestión “populista” de derecha del mismo. El mercado ha reemplazado a las formas orgánicas de sociabilidad que hicieron posible la existencia de un movimiento popular que tuvo expresiones sociales y políticas, una de cuyas vertientes históricas más caudalosas y persistentes fue el allendismo. Es por ello que, al margen de las añoranzas, en términos políticos reales no hay allendismo actualmente en Chile (porque podría haber allendismo sin Allende como ha existido en otras partes peronismo sin Perón o gaullismo sin De Gaulle). Por las mismas razones no ha surgido un líder popular de la talla de Allende ni nada que se le parezca. Allende como hombre político –y esto es de Perogrullo- fue el producto de un tiempo, de una relación entre una personalidad descollante y un movimiento social y político del cual él fue intérprete y expresión.
Para que vuelvan a “abrirse las grandes Alamedas” (que aún permanecen cerradas) se necesitarán de “otros hombres” que estimulen el desarrollo de fuertes movimientos sociales, hombres y mujeres capaces de retomar el hilo conductor del movimiento popular en una perspectiva de futuro y no de mera evocación nostálgica. Mientras esto no ocurra, el legado político de Allende continuará siendo un capital inmovilizado, un icono desprovisto de significado histórico concreto y de operatividad política real.

Sergio Grez Toso
Dr. en Historia, profesor del Departamento de Ciencias Históricas de la Universidad de Chile. La primera versión de este texto fue publicado en 2003.

[1] Eric Hobsbawm, La era del imperio, 1875-1914, Buenos Aires, Crítica, 1998, pág. 11.
[2] Sergio Grez Toso, De la “regeneración del pueblo” a la huelga general. Génesis y evolución histórica del movimiento popular en Chile (1810-1890), Santiago Ediciones de la DIBAM – RIL Ediciones, 1998; “Una mirada al movimiento popular desde dos asonadas callejeras (Santiago, 1888-1905)”, en Cuadernos de Historia, N°19, Santiago, diciembre de 1999, pp. 157-193; “Transición en las formas de lucha: motines peonales y huelgas obreras en Chile (1891-1907)”, en Historia, vol. 33, Santiago, 2000, pp. 141-225; Los anarquistas y el movimiento obrero. La alborada de ‘la Idea’ en Chile (1893-1915), Santiago, Lom Ediciones, 2007.
[3] Tomás Moulian, “Violencia, gradualismo y reformas en el desarrollo político chileno”, en Adolfo Aldunate, Ángel Flisfich y Tomás Moulian, Estudios sobre el sistema de partidos en Chile, Santiago, FLACSO, 1985, págs. 13-68. La idea del “gran viraje” de la izquierda está expuesta más específicamente en págs. 49 y 50.
[4] Tomás Moulian, Conversación interrumpida con Allende Santiago, LOM Ediciones – Universidad ARCIS, [1998].
fuente: http://www.banderaroja.blogspot.com.ar/